En el plano laboral y social, los resultados de las reformas de las décadas de los 80 y 90 fueron bastante decepcionantes para América Latina y el Caribe. Reformas con carácter neoliberal que promovieron una disminución del rol de estado en la protección social de sus ciudadanos, observándose un significativo incremento del desempleo y del empleo informal. En algunos países (los casos más notables fueron los de Argentina, Colombia, Guatemala y Perú) se efectuaron reformas que flexibilizaron laboral, la contratación y el despido y en muchos casos, se abandonaron mecanismos solidarios de la protección social...
En América latina, 23 millones de personas están desempleados y 103 millones trabajan en el sector informal. Entonces, podemos decir que la falta de empleo concentra 126 millones de trabajadores-as. Eso, representa más de la mitad (53%) de los 239 millones de personas activas en la región. El informe
“Trabajo decente en las Américas: La agenda del hemisferio 2006 – 2015" presentado por el Director general del BIT a los-as delegados-as de las Américas en Brasilia señala que el déficit de empleo formal podría pasar a 158 millones de personas en 2015.
Caso específico de los jóvenes
Los jóvenes que en la actualidad tienen entre 15 y 24 años nacieron entre 1980 y 1990, es decir, son hijos de la gran década perdida de América Latina. Como grupo, es bastante numeroso, pues en sólo 2 cortes de 5 años se concentra el 19% de la población de América Latina y el Caribe, es decir, unos 102 millones de habitantes. Se estima que ese porcentaje se reducirá en el 2015, pero, aún así, el número total de jóvenes llegará a rebasar los 105 millones.

Joven trabajador soldador
Actualmente, unos 57 millones de jóvenes trabajan o desean trabajar, de los cuáles aproximadamente 9,5 millones están desempleados, lo que representa el 42% del desempleo total existente en la región. Sin embargo, el desempleo abierto – que duplica la tasa de desempleo promedio – no refleja la verdadera magnitud del problema laboral de los jóvenes. En una perspectiva más amplia, se puede afirmar que hay un 21% de jóvenes, es decir, 22 millones, que «no estudian ni trabajan». Estos jóvenes están claramente expuestos a un riesgo social, debido a su total inactividad y al hecho de estar en una edad en la que deben tomar decisiones que tendrán consecuencias para el resto de sus vidas. Por ejemplo, una encuesta divulgada en Brasil1 demuestra que 45,5% del total de desempleados en este país tienen entre 16 e 24 años.
Los jóvenes que cuentan con un empleo también se enfrentan a problemas específicos: están mal remunerados, trabajan en condiciones precarias o están desprotegidos. Habida cuenta de su escasa formación y experiencia laboral, los jóvenes generalmente terminan aceptando los trabajos más precarios. (La mayoría no tiene contratos de trabajo ((o tienen subcontratos para períodos de tiempo corto)), No cuentan con horarios fijos de trabajo y deben estar a disposición exclusiva de reglamentos internos de las empresas, No cuentan con un sistema de seguridad social y de vacaciones. Existe un alto índice de rotación, lo que no les permite tener una mínima estabilidad laboral.
Las consecuencias de está realidad en la vida de los/as jóvenes son multiplicadas, destacamos 3
En la salud:
Las/os jóvenes laboran muchas veces en condiciones infrahumanas, sin información y sin la dotación necesaria para la realización del trabajo: uniformes, guantes, mascaras, botas para protegerse de los químicos, etc. Por esta causa, muchas sufren de problemas de salud como dolores de cabeza, nubosidad en la visión, embarazos peligrosos por estar expuestos a la contaminación de los plaguicidas, nauseas, etc.)
En las relaciones sociales:
Se percibe un aumento de la violencia entre los/as jóvenes en todos los países de América Latina. Además, una de las características de está fase de la vida es la construcción personal a través de los grupos de socialización. Hoy debido a la complejidad de la realidad arriba mencionado los/as jóvenes trabajadores se están aglutinando en grupos que muchas de las veces por falta de opción están en procesos de marginalización, donde la violencia hacia otros (robos, peleas entre bandas o maras, uso y tráfico de estupefacientes/drogas licitas o ilícitas), se tornan el cotidiano de una gran parcela de la juventud. Las complicaciones y peleas familiares.
Falta de esperanza en el futuro:
Una de las marcas de está realidad es la creciente falta de utopía de la juventud. Destrozada por estar en una constante búsqueda sin respuestas concretas una gran parte de la juventud ve poca claridad en su futuro y con esto, menos ánimos para ayudar en la construcción de una sociedad más justa.
La falta de esperanza también tiene un impacto en la vivencia de los jóvenes y de lo que ellos creen . Sumergida en un mar de propuestas, pero con muchas dificultades para definirse por una de ellas como una propuesta de vida. Construyendo una visión hedonista e individualista para si.
En contra partida hay jóvenes organizados/as y buscando soluciones para su realidad:
Como mencioné, esta fase de la vida (la juventud), es un período donde las personas más se identifican con grupos para poder desarrollarse como personas y ciudadanos. Muchos de los jóvenes participan, por lo tanto, de distintos grupos recreativos, participación política/ciudadana, socialización, o simplemente grupos de amigos.
La JOC con su método y pedagogía intenta incrementar está acción particular de los/las jóvenes para que los/as mismos/as no solamente estén organizados/as en grupo, más que también sean actores/as determinantes en la construcción de una nueva sociedad. Con la organización de estos/as, la JOC brinda una posibilidad de cambio personal, colectivo, y en la sociedad revertiendo a partir de las acciones locales, nacionales e internacionales de la realidad, ya mencionada, de muchos/as jóvenes trabajadores/as